El gran ausente en el Abierto de Francia

Roland Garros, perdería el 50% de sus ingresos al no tener público. Foto: Getty Images

Roland Garros, sede del Abierto de Francia desde 1928, no se dejó vencer por la pandemia mundial. Aunque la fecha de la realización fue modificada, el torneo se está llevando a cabo como lo planeado bajo estrictas medidas sanitarias.

El recinto, con sus veinte canchas entre las que el Philippe Chatrier se eleva majestuoso para albergar a cerca de quince mil aficionados; escenario que ha enmarcado memorables partidos sobre tierra batida por más de un siglo, en este complicado 2020 una gran ausencia se hace notar: el público.

A diferencia del recién realizado US Open, donde el acceso del público fue completamente restringido, en el Abierto de Francia se realizaron ciertas concesiones que permitieron que las gradas no se encontraran totalmente vacías. Ante estas situaciones extraordinarias, los jugadores han manifestado su opinión al respecto de jugar en estadios casi vacíos y éstas cubren el espectro completo, desde aquellos que se sienten beneficiados por librarse de la presión, hasta los que expresan la añoranza de la presencia de los aficionados.

Estudios realizados muestran que el apoyo del público en los estadios, sobre los jugadores, tiene diversos efectos dependiendo de la personalidad y el carácter de los mismos. Si el sujeto posee una personalidad fuerte y bien estructurada como consecuencia de la disciplina y el entrenamiento mental, la motivación externa influye sobre la confianza del jugador, esto se manifiesta en un mejor rendimiento, estrategia de juego sobre todo en los momentos difíciles, así como en una mayor intensidad y duración del esfuerzo.

Por el contrario, aquellos individuos novatos o con menor experiencia se sienten abrumados y presionados al no ser favoritos, esto puede llevarlos a fallar en momentos decisivos al saber que los resultados negativos de un partido o jugada podrían llegar a generar rechazo en las gradas. El aficionado resulta un arma de dos filos, igual que celebra los triunfos exige lo mejor de sus favoritos. Al eliminar este estímulo exterior en ambos Grand Slam hemos visto resultados que quizás, con estadios llenos, no se hubieran dado.

Como entusiastas, nuestra presencia en los estadios busca dar respaldo y apoyo a los jugadores, incrementar su rendimiento impulsado por nuestro aplauso con el fin de aumentar sus posibilidades de triunfo o simplemente celebrar su esfuerzo.

Este año, para la mayoría, no fue posible estar presente en los estadios, sin embargo, desde nuestras casas a través de nuestros dispositivos, tenemos la oportunidad de disfrutar nuevamente de nuestro deporte favorito. Apoyar y celebrar victorias, sentir la emoción o la amarga derrota, todo gracias a los esfuerzos de jugadores y organizadores determinados a enfrentar esta “nueva realidad”.

Roland Garros entra en su recta final, los aficionados estamos en espera de saber quién será el próximo que levante La Copa de los Mosqueteros deseosos de que sienta nuestro aplauso a la distancia.

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