Biden, el alivio de Nicolás Maduro

En los últimos años la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela pasó de ser pasiva a una política de Estado, con el fin de restablecer la democracia y resolver la actual crisis humanitaria que padece

Con la llegada a la Casa Blanca del demócrata Joe Biden, se espera una política exterior diferente a la desempeñada bajo la presidencia de Donald Trump, la denominada política de “máxima presión” aplicada por el ex presidente republicano como fórmula para lograr la restauración de la democracia en Nicaragua, Irán, Cuba y Venezuela. Esta medida constaba de utilizar sanciones económicas y diplomáticas para limitar las opciones de esos gobiernos; además de detener cualquier ayuda externa que les sirva de apoyo financiero o logístico.

En Venezuela, las sanciones pasaron de ser personalizadas hasta llegar a las instituciones del Estado, muchas de ellas de carácter económico y que financian la permanencia de Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores; de las cuales se encuentra la compañía Petróleos de Venezuela (PDVSA), la principal fuente de ingresos del país. Al mismo tiempo se  coordinó un centro de control marítimo estadounidense, para vigilar las costas venezolanas y de esa forma detener los buques que albergaran productos no esenciales, tales como: armas, artefactos militares, el combustible etc., afectando a los propios venezolanos con la escasez de gasolina y diésel que aún se mantiene.

La razón para determinar que la administración de Biden no conseguirá la restauración de la democracia venezolana, es por los indicios que ya ha mostrado su política exterior, ésta se perfila  hacia otras direcciones más globalistas, si bien eso incluye a Venezuela, la nueva administración estadounidense buscará deshacerse de las más estrictas políticas que aplicó el gobierno anterior.

A pesar de que Maduro demuestre su intención de “querer” llegar a un acuerdo, se puede considerar como simple retórica, debido a que por más de 21 años han utilizado a varios gobiernos como mediadores de diálogos con la oposición, siendo estos intentos infructíferos ya que en ningún momento se llego a un acuerdo, y menos ahora que se pretender flexibilizar algunas sanciones que hacen presión hacia la cúpula chavista.

Esa misma línea la apoya Nehomar Hernández, periodista venezolano en su artículo para la Gaceta de la Iberosfera, en el que destaca: “Las nebulosas declaraciones del entorno de Biden, que desde el mismo momento de la campaña presidencial han sugerido pasar a otro “enfoque” con el tema de Venezuela, uno “más amplio”, que no descarte todo tipo de aproximación”. Además señaló que, por los momentos no se ha nominado un miembro oficial del nuevo gobierno de EE.UU para el Senado y que estudie el asunto.

Por su parte, el ex embajador de Venezuela ante la ONU, Emilio Figueredo, en una entrevista ofrecida a la Voz de América, se mostró optimista sobre la política que tendrá el nuevo gobierno estadounidense, sosteniendo que, “creo que el cambio puede ser más efectivo, la manera  de enfrentar el problema venezolano por la administración de Biden, a diferencia de Trump» afirmó el ex diplomático.

Aunque estas dos posturas concilien en el mismo resultado, no significa que lo tendrán. Cada año el gobierno de Nicolás Maduro consigue un modo de conservar el poder utilizando el diálogo, la negociación, y las “elecciones”, propios mecanismos de la democracia.  La primera potencia mundial y miembro esencial para liderar los esfuerzos internacionales, deberá  atender en los próximos cuatro años la emergencia  humanitaria que ha causado el chavismo en América Latina, con una cifra ascendente de migrantes venezolanos, para ello, debe involucrarse  en el conflicto político con una acción concreta, que cada vez se inclina a continuar con movimientos diplomáticos ambiguos que no llegaron a éxito en otras ocasiones, ni las tendrá en esta coyuntura.